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16th of January 2018

Mujer



Cómo hacer felices a los niños en Navidad... sin depender de Papá Noel

Suele decirse que la Navidad, más que una celebración es un estado de ánimo. Tal vez algunos adultos hagan suya esa convicción emocional, pero para los niños la magia de estas fechas se entiende como algo más tangible. Ellos esperan asumir un papel protagonista con expediciones urbanas para ver belenes y luces; adornando a su aire el hogar reconvertido para la ocasión en almacén de bolas y espumillón; despojando a sus mayores del mando de la tele para ver relatos blancos y edulcorados, y esperando que la complicidad total de Papá Noel y los Reyes Magos culmine la gran fiesta infantil.

Pero, ¿cuándo es suficiente? O mejor dicho, ¿cuándo hay que decir basta? ¿Acaso especialmente en Navidad la frustración de los hijos por un capricho insatisfecho o la falta de algún regalo bajo el árbol debe causar el remordimiento en sus padres?

La doctora Marta Campo Ruano, jefa del servicio de Psicología del hospital de La Zarzuela (Madrid) y experta en familia, rechaza la falta de límites: "A un niño no se le educa sólo con recompensas. Debe comprender desde que empieza a interactuar con su entorno, en la familia o en la escuela, que sus deseos no siempre se cumplen. De esa forma desarrollará una tolerancia a la frustración muy sana. Por tanto, en Navidad también hay que poner límites y si eso supone un grave conflicto, es que probablemente el resto del año hemos sido demasiado permisivos a sus demandas".

No es el juguete, es el juego

Diferentes estudios de psicología infantil concluyen que el exceso de regalos supone un estímulo exagerado para el menor, lo que se asocia precisamente a una escasa tolerancia a la frustración.

Sin embargo, la desmesurada generosidad de los Reyes Magos no siempre responde al interés del niño. Con frecuencia los propios padres, de manera inconsciente, aplican un mecanismo de compensación: cuanto más esfuerzo hacen y más sorprenden a sus pequeños, más felices se sienten ellos.

"Ese es un mecanismo perjudicial -continúa la doctora Campo Ruano-. No estoy en contra de la ilusión de Papá Noel, ni mucho menos, siempre que sea comedida. Sin embargo, es mejor poner el foco en el juego, en la interacción con ellos, más que en el juguete. A mi hijo le encanta sacar las escobas y barrer conmigo... Quiero decir que lo que ellos más aprecian es el contacto con su familia. Por eso, justamente en estas fechas es cuando más tiempo deberíamos pasar juntos, desarrollando su fantasía y su imaginación. Esa es una recompensa única que hará que siempre asocien la Navidad con las emociones más positivas".

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